Negociar no está al alcance de todos

No vayan a pensar nuestras/os lectores, que la negociación es un terreno exclusivo que se da en los negocios únicamente, por ejemplo, para llegar a un acuerdo estratégico de distribución entre dos empresas. O también cuando nos enfrentamos a un conflicto entre partes. La negociación se da cada día y si nos miramos un poco más “al ombligo”, veremos que a diario estamos negociando cosas, con amigos, familia, compañeros de trabajo, etc.

Negociamos el espacio común que compartimos, por ejemplo, en cuanto a la música de fondo que escuchamos, la planta que ponemos como decoración, la distribución del mobiliario para hacerlo más agradable, etc. También lo hacemos con nuestras esposas a la hora de planificar vacaciones y compatibilizarlas con los hijos. En fin, desde que iniciamos nuestra vida laboral estamos negociando. Desde que una pareja inicia su noviazgo, está negociando. Porque la filosofía de la negociación es que cada parte se acomoda a las necesidades y resultados que se buscan como un todo. Como una nueva empresa que surge de otras dos; como una nueva relación de pareja después de un conflicto serio; en suma, todas las acciones que a diario comenten las personas en su mundo laboral y personal, están revestidas por un manto –se vea o no- de negociación.

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Las excusas: un mal hábito

Para llegar a ser la persona que se quiere ser, Ud. tiene que dejar de poner excusas. En su libro “Triggers: creating behavior that lasts. Becoming the person you want to be” (Activadores: Creación de comportamiento duradero – convertirse en la persona que quieres ser), Marshall Goldsmith examina la respuesta a la pregunta: «¿por qué no nos convertimos en la persona que queremos llegar a ser?»

Es evidente que existen una serie de razones (provienen de nuestro interior) que provocan una resistencia al cambio. Es que cada vez que nos proponemos cambiar o mejorar un comportamiento, no siempre se da pero ocurre con bastante frecuencia, que volvemos a “reincidir” en una serie de conductas (arraigadas en un conjunto de creencias) que nos vuelven a la casilla de salida. Son aquellas que provocan rechazo, resistencia y la peor de todas: autoengaño.

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Empowerment, motivación y felicidad

Las personas se enfrentan a diario a diversos factores, con frecuencia algunos pueden resultar muy negativos, pero de su capacidad emocional para adaptarse a los elementos del entorno, habrá personas que lo lleven mejor que otras. A su vez, cuando algunas de ellas destaquen sobre las demás en cuanto a su capacidad para supervisar y coordinar a otras personas, aparece el líder.

La cuestión que abordamos hoy, son todos aquellos elementos que a diario nos afectan, pero no nos quedamos en describir cuáles son, sino en cómo debemos enfrentarlos. Desde ya, que el empowerment es una filosofía de trabajo que ayuda a neutralizar muchos de esos elementos destructivos.

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Los auténticos jefes: el valor y el talento

Por más que uno crea que al ser autónomo es el dueño de su vida y no tiene que responder a nadie, la realidad en cuanto a nuestra dependencia es muy distinta: porque siempre se tiene un jefe. ¿Cómo funciona esto?

En primer lugar, la iniciativa emprendedora nos entusiasma de tal manera, que pocas veces nos percatamos de todas y cada una de las cosas que debemos tener en cuenta para no fracasar. Es un auténtico mecano. Por ello, si le preguntamos a un emprendedor que ya ha tocado el éxito, cuáles son las cosas que más han contribuido a sus buenos resultados, seguramente una de ellas será, el espíritu de sacrificio y no mirar las horas semanales que dedica a la empresa.

Si a continuación le preguntamos si ha sentido que tenía más de un jefe, nos podrá explicar con claridad esa idea errónea de que los empresarios no tienen un jefe. La realidad es que siempre tienen uno. O como alguien dijo: “yo no tengo 25 clientes en mi despacho –en referencia a las empresas que atendía como asesor fiscal y contable- sino 25 jefes cada uno con sus exigencias”.

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Recetas para nuevos líderes

Los teatros de operaciones de todas las guerras siempre han sido aleccionadores en cuanto a las capacidades de mando de los jefes de tropas o de las estrategias seguidas para esa contienda por el alto mando militar.

En ambas situaciones, el ejercer una posición jerárquica y vertical condicionaba a ese líder a que sus esfuerzos por lograr los objetivos fijados no pusieran en riesgo una de sus principales preocupaciones: sus oficiales, suboficiales y soldados. Centenares de situaciones adversas exigieron a muchos de estos líderes militares una retirada a tiempo para no tener que soportar un episodio más de tragedia humana.

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